Yo también jugué con un Telesketch

Es probable que más de uno sepa del Telesketch no por haber sido uno de sus juguetes de infancia sino gracias a la película ‘Toy Story’. Lo cierto es que yo nunca fui muy habilidoso dibujando con ese aparato en el que, girando sus dos controles, se manejaba un puntero que ‘borraba’ una fina capa de arena bajo una pantalla de plástico. A duras penas conseguía trazar algo más que tímidos arcos y acababa siempre retándome a rayar la superficie por completo para dejar al descubierto el mecanismo. La casualidad ha hecho que en los últimos días me tropezara en internet de nuevo con este aparato y he querido compartirlo con ustedes.

Para empezar, algo que —si han jugado alguna vez con un Telesketch— les parecerá imposible:


NBA Finals Lebron Etch A Sketch, de Etched in Time

Si quieren ver más trabajos de este ilustrador no duden en visitar su website (gvetchedintime.com). Y ahora seguimos con este vídeo en el que se explica cómo montar un Telesketch aprovechando cualquier televisión de 52 pulgadas que ya no usen en casa:


High Definition Etch-A-Sketch, de Jeri Ellsworth

Y, para terminar, este enlace a YouTube en el que pueden ver cómo —lejos de estar obsoleto— el Telesketch aún tiene muchos adictos en esta época de bitios y videoconsolas.

Si no recuerdo mal, en casa de mi madre todavía conservamos uno. La próxima vez que vaya volveré a intentar dibujar algo que no sea una escalera.

Vía The FatMan and Circuit Girl

Los mensajes de Rascayú (o ‘En ocasiones recibo emails’)

Deathswitch es un servicio on-line que —por unos 20 US$ anuales— ofrece la posibilidad de preparar hasta treinta mensajes de correo electrónico, cada uno de ellos destinado a un máximo de diez direcciones. Dichos mensajes serán enviados automáticamente cuando usted muera.

Sí, como suena: cuando usted muera.

Para verificar que está vivo, Deathswitch le pedirá regularmente (con la periodicidad que usted desee) que confirme su contraseña. Si no contesta a la petición, después de varios requerimientos y superado el plazo máximo predefinido, el sistema considerará que está usted muerto y enviará los mensajes que haya preparado.

Los responsables de Deathswitch garantizan la confidencialidad de los datos almacenados y consideran que es una solución práctica que puede prevenir la pérdida de información valiosa al asegurarse de que será transmitida a —por ejemplo— familiares y compañeros de trabajo. Por supuesto, también puede ser empleada para enviar mensajes póstumos confesando cosas que no nos hubiéramos atrevido a decir en vida, o para asegurarnos que ni la mafia ni la CIA se deshagan de nosotros puesto que hemos programado unos mensajes comprometedores que serán enviados en caso de que dejemos de dar señales de vida.

Muchas son las dudas que se puede plantear uno al conocer este servicio:
… ¿Debo poner en el asunto y al pie de los mensajes un aviso para que no me respondan?
… ¿Qué cara pondrá mi jefe cuando reciba y lea mi email?
… ¿Por qué en el website de  Deathswitch no hay una página con testimonios de clientes satisfechos?
… ¿Qué sucede si entro en coma y durante unos meses no puedo confirmar que sigo vivo? (Se lo prometo, esta pregunta está sacada de las FAQ del propio Deathswitch).

A pesar de que tengo claro que no voy a utilizarlo y de que aún no he decidido si se trata de un auténtico y genuino miguelico, más allá de la utilidad o de la morbosidad, este es mi principal consejo para aquellos que estén planteándose suscribirse a Deathswitch:

Por favor, asegúrense de que los mensajes de verificación de Deathswitch no van a parar a su bandeja de correo basura.


Más información en deathswitch.com

Vía cnet

ReNamer

No, no es el título de una nueva película del Gobernador de California. ReNamer es el nombre de una pequeña gran utilidad. Les cuento.

Seguramente se han encontrado en alguna ocasión con la necesidad de renombrar montones de ficheros, añadirles un prefijo, sufijo o bien cambiarles la extensión. Si son ustedes usuarios con cierto rodaje y bastante nostálgicos es posible que —como yo— a veces recurran todavía a la línea de comandos para hacer algunas de esas operaciones aunque en la mayoría de casos utilicen herramientas que facilitan la tarea.

Continúa leyendo ReNamer

Se requieren 800.000 suscriptores (o ‘De los carteles en tiempos de crisis’).

Hace ya unos años, mi amigo C. puso en marcha una iniciativa curiosa: enganchó por toda la Zona Universitaria en la Diagonal de Barcelona una serie de carteles en los que pedía colaboración para comprarse un equipo de música e informaba del número de cuenta donde hacer el donativo. Eran carteles de tamaño DIN-A4, de aquellos con pestañas en la parte inferior para poder arrancar un pedazo con los datos de interés. Se podía encontrar su cartel en los tablones de anuncios de cualquier facultad o escuela universitaria, en cafeterías, en cabinas, en vallas, en postes de la luz y teléfono, en coches abandonados y hasta en algunos cajeros automáticos.

En aquella época, en la España pre-internet de 1987, los carteles fueron confeccionados con un MacPlus, un poco de collage y muchas fotocopias. Hoy en día mi amigo posiblemente hubiera recurrido a blogs, al boca-oreja, al márketing viral por correo electrónico, a las listas de Amazon o, si me apuran, a servicios como Carteles (en www.tablondeanuncios.com), una manera fácil de elaborar uno de esos carteles con lengüetas. Y esto me hace pensar que —no sé si se habrán fijado— la crisis no sólo ha incrementado el uso de redes sociales y profesionales como LinkedIn, Xing o similares sino que también ha repoblado farolas, postes y cabinas telefónicas de esta forma de promoción urbana que, por lo visto, sigue funcionando bastante bien para la oferta de servicios locales y personales.

Por si acaso, yo ya he preparado el mío:

Suscríbase a www.zumaques.com

Ah, lo del equipo de música no funcionó: la idea tuvo su repercusión e incluso apareció como anécdota en la prensa universitaria pero no recaudó ni un duro. Mi amigo C. se compró  tres años después un discman con el primer sueldo que ganamos como becarios.

Más de tres razones por las que no me gusta Facebook

No me gusta Facebook aunque —tal y como les explico en  ‘Sobre Zumaques’— es posible que tropiecen conmigo por ahí ya que durante un tiempo (para poder decir que no me gusta) lo estuve probando.

¿Por qué no me gusta? Pues por unos cuantos motivos:

  • Primero, porque en mi caso, duplica servicios y canales más prácticos y funcionales, como por ejemplo el correo electrónico.
  • Segundo, porque nunca he estado tranquilo con la seguridad y privacidad de la plataforma, cosa que se ha confirmado esta semana al difundirse los cambios que Facebook ha realizado en sus condiciones de uso. (La noticia está por todas partes, pero un buen sitio para informarse es consumerist.com).
    — (Nota 18/02/2009 –
    Reacción rápida de Facebook. ¿Será por el volumen de usuarios que se han dado de baja estos días?) —
  • Tercero, porque no es fácil dejar de estar en Facebook; el concepto de desactivación no implica la eliminación total de la cuenta y de los datos personales. (No, no es fácil pero no imposible: vean cómo borrar de manera permanente una cuenta de Facebook).
  • Y cuarto, bueno, pues mejor vean la cuarta razón en este vídeo:

No me malinterpreten, no tengo nada en contra de Facebook, faltaría; incluso me ayudó a incrementar los suscriptores a este blog. Sólo es que no me gusta.

Ver otros vídeos parodiando Facebook.