Esperar para leer: Tres vidas de Santos (octubre 2009) y Jerusalén (junio 2009… ¡hoy!)

Ya está, ya me he puesto nervioso: se ha anunciado que el 20 de octubre aparecerá un nuevo libro de Eduardo Mendoza. Se titula ‘Tres vidas de santos’ y es un libro de relatos, de tres relatos.

Para aliviar la espera, hoy —10 de junio— se presenta la edición española de ‘Jerusalén’ de Gonçalo Tavares.

Las autoridades locales de todo el país ya han anunciado medidas para evitar que ninguno de estos acontecimientos genere los tumultos ni desperfectos habituales ocasionados por los seguidores de ambos autores. En breve informaremos sobre las restricciones de tráfico derivadas de la rúa y fiesta popular.

Vía Europa Press y Feria del Libro de Madrid

Leer: Historias falsas

Cubierta de Historias Falsas¿Historia o ficción? ¿Literatura o filosofía? Pues de todo.

Sí. Las ‘Historias falsas’ de Gonçalo Tavares juegan con personajes históricos y con historias de personajes. En cada relato se nos abre el apetito de más: necesitamos saber qué hay de ficción y qué de historia en cada uno de ellos. Sinceramente, no se me ocurre mejor manera de estimular las ganas de aprender, de leer más, de querer saber.

No se dejen engañar por la aparente brevedad de este volumen de 64 páginas: es una puerta a la historia de las ideas. Una puerta como sólo Tavares podría haber abierto.

Historias Falsas
Gonçalo Tavares
Xórdica Editorial
Zaragoza, 2008
ISBN: 978-84-96457-34-8

Buenos días: le atiende Mariano José de Larra

(Entrada publicada previamente en BryteBlog el 18 de abril de 2007)

Cojeé hasta una cabina telefónica, marqué el número de emergencias —666—, expliqué cómo una moto acababa de darse a la fuga después de atropellarme dejando mi pierna derecha casi inútil y reclamé una ambulancia, petición tras la que el operador solicitó un número de teléfono. Le dije que llamaba desde una cabina. Él insistió en que el procedimiento indicaba que debía tener un número en el cual confirmar la incidencia y yo le volví a detallar la situación. Me rogó que esperara pues tenía que consultarlo con el supervisor. Mientras, observé como el punto por el que se había fracturado el hueso viraba a un interesante tono morado. La voz regresó para informarme que, dadas las circunstancias, el número de la tarjeta del Servicio Nacional de Salud (que por fortuna siempre llevo encima) podía también servir. Oí el tecleo de los dígitos e inmediatamente me pidió confirmación de los datos que le aparecían en pantalla. Todo correcto menos la dirección. Comenté el detalle aclarando que desde hacía años mi domicilio era otro y que así lo había notificado al Ayuntamiento, a Hacienda, a Sanidad Nacional, al Ministerio del Interior y a mi Centro de Atención Ambulatorio. El operador me aseguró que no podía hacer nada si los datos no coincidían y, bien adiestrado, me sugirió el servicio 666 on-line para ponerlos al día.

Tambaleándome hasta un cibercafé, entré en internet: www.666online.net. Esperando que se cargara la página, me di cuenta que a mis pies había un charco alimentado por el goteo de sangre de la herida que mi tibia astillada había provocado. Utilizando el cable de un ratón sujeté el hueso e hice un torniquete. Cuando hube acabado, la página ya estaba en pantalla. Unos cuantos clicks con sus esperas y llegué al formulario en el que, tras introducir el número del Servicio Nacional de Salud, se mostraban mis datos y se me informaba que para modificarlos debía personarme en alguna oficina de atención al ciudadano del Servicio Nacional de Salud. ¡Tenía la suerte de cara: tan sólo a dos calles había una de esas oficinas! La señorita del mostrador fue muy amable pero no pudo atender mi petición; para ello era indispensable presentar un certificado del padrón municipal con mi actual domicilio.

Medio a rastras, llegué a la sede del distrito donde, después de obtener mi certificado, me recordaron la posibilidad de realizar dicho trámite por teléfono o internet y me rogaron dejara de manchar el suelo con sangre.

Algo mareado, regresé a la oficina del Servicio Nacional de Salud. Allí conseguí que modificaran los datos pertinentes y, en un teléfono público del vestíbulo, marqué de nuevo el número de emergencias: 6-6-6.

Recuérdenlo bien, puede serles útil en caso de urgencia.